Qué tan importante es sentirse reconocido. Vuelves al pueblo, por ejemplo, o te saludan en cualquier lugar por tu nombre de pila. Reconforta, personaliza el día a día. Sabes, por fín, que estás vivo, no sólo porque parloteas en tu cabeza, sino porque compartes.
Max Neef, y otros muchos antes, etiquetaron este sentimiento como una de las necesidades básicas del ser humano: sentirse parte de.
También de ahí nació el amor, sentir que dentro de la otra persona han anidado trocitos de nuestro recuerdo, saber que alguien nos nombra, saber que estamos ahí. Tu existencia en el reflejo de tus acciones, tu huella, tu aportación.
Quizás existan otras realidades, mejor dicho, quizás existieron antes días o vidas enteras que, por lo contrario, parecían invisibles, dispensables, residuales, inertes…, las hubo seguro. Puede que existieran dos tipos de personas: las militantes y las invisibles, o quizás hubieran más grupos, pero todo, eso sí, fue antes.
En sólo un día, semanas y, para unos pocos, meses supusieron el fín del antes y el paso a este después.
Se unieron por fín “los otros y nosotros” y por fín, ese formar parte de, ese estar enamorado, esa unión y pertenencia se experimentó en todos a la vez. ¡Qué grande! ¡Qué sensación! En esos instantes se hablaba en cualquier lugar, se hablaba de futuro, queríamos encontrarnos, sonrisas, ojos brillantes, brazos, manos, pelos de punta, ruido.
Ahora todo eso lo podemos etiquetar como 15M, pero todo eso seguimos siendo nosotros.
Lo experimental del momento fue hacer de la de diferencia lo familiar. El PODEMOS con luces de neón, esta vez, iluminando un camino común.
Unos hemos utilizado este acontecimiento para ser felices para siempre: decidimos que cada día, cada semana y cada mes haríamos que fuesen así: sin complicación, simplemente SIENDO Y HACIENDO “JUNTES”
Otros se encargaron de pensar y de hablar, de escribir. Otros más se encontraron a sí mismos por primera vez en público. Y aquí es donde se dieron de bruces con el miedo y el esfuerzo: por fín éramos libres.
Pocos, y luego más, se preguntaron si aquello saldría bien. Y otras no quisimos escuchar, como en el amor: unos deciden vivirlo, disfrutarlo,… otros, analizarlo.
Medio año después vemos otra vez esos dos grupos. Los INVISIBLES siguiendo el camino de la oscuridad y LAS MILITANTES, ahora en mayor número y más fuertes, siguen ejerciendo el ser felices para siempre. En un rinconcito, este último grupo, guardan una pequeña pena,… echan de menos a aquella multitud extasiante y sufren la resignación de los que abandonaron. Como dos hermanas gemelas que, según cuentan, aunque las separen, sienten por igual el sufrimiento de la otra.
Ojalá, aquellos que ya no están, puedan sentir nuestra alegría que vive aquí con nosotras.
Os echamos de menos.
Como cuando corres en sueños.